Tienes razón.
Esto tampoco te va a funcionar.
Como tampoco te ha funcionado ese curso de varios miles de euros.
Ni la mentoría con el gurú de turno. El que te caiga muy bien, con el que te sentías identificado porque era casi como tú.
La escuela tan reputada, con tantas siglas, y tantos sellos internacionales, ni a ti ni a casi nadie le ha funcionado.
No les ha funcionado para tener más libertad.
Para tener la agenda llena, el calendario repleto y la deuda disparada, para eso sí, es perfecto.
No te han funcionado todas estas vías porque te enseñan conocimientos, toneladas de información, pero se olvidan de lo más importante.
Enseñarte cómo conocer tu contexto, y qué puedes hacer ahí mismo.
Es como esos cracks del marketing que han gestionado millones de presupuesto, pero no saben vender una tarta de queso cremosa una vez terminado el banquete en un restaurante.
Una cosa es saber seguir instrucciones, otra inventarte lo que tienes que hacer en tu contexto.
Seguir instrucciones es fácil.
Los ordenadores lo hacen desde hace décadas.
Los becarios, más o menos pueden, sobre todo si son de sobresaliente.
Cualquiera capaz de beber café de máquina y madrugar todos los días, también puede.
Tú, amante de la libertad, tienes que salirte de ese juego de seguir instrucciones.
Tienes que ser el que escriba las instrucciones.
Las instrucciones de tu trabajo.
De tus tareas.
De tus decisiones.
De tu vida.
Por eso este producto tampoco te va a funcionar.
En él te explico cómo tienen que ser las instrucciones, cómo saber que han funcionado, y cómo inventarte nuevas instrucciones, pero hay algo que no puedo hacer por ti.
Ni yo ni nadie.
Y es escribir tus instrucciones y ejecutarlas.
Eso, querido amigo, es tu parte del trabajo.
Te facilito el trabajo de saber qué hay que hacer y cómo, y tú lo haces adaptado a tu contexto.
Este es el trato.
Lo tomas aquí.
pd: O lo puedes dejar para mañana.
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pd: Te quiero.