Víctor Gómez

Organización para negocios atrevidos

El curioso caso del látigo y la zanahoria


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Seguro que esto te ha pasado.

Alguien, para conseguir lo que quiere, te ha dado un pequeño regalo.

Si es tu jefe, quizás un día más de vacaciones, un pequeño aumento, o tener esa mañana libre que tanto tiempo llevas pidiendo.

Si es tu pareja, que lave los platos, o te lleve a cenar a ese lugar nuevo que te mueres de ganar de probar.

Si es una organización, hazlo por mejorar cómo te perciben otros, por ganar fama, por el bien de todos nosotros.

Más que regalos, son sobornos.

Cuando no lo aceptas, entonces guardan la zanahoria, y sacan el látigo.

Como no lo hagas me voy a enfadar, no te voy a ofrecer esta oportunidad en el futuro, o mi favorita, vas a ir al infierno para arder hasta el fin de los tiempos.

Todo correcto.
Todo equivocado.

Hay una forma mucho más poderosa de motivar, de que los demás hagan lo que tú quieres.

Anota para usarla tú también (si eres capaz).

Es motivar con ánimos, con cariño, alentando al otro.
Nada de sobornos, ni de castigos.

Algo tan simple como creer en el otro, ver su potencial, y acompañarle para que se de cuenta de todo lo que puede hacer realidad.

Para eso tu mentor tiene que tener su ego apagado, lo que descarta a todos los que ves en redes sociales.

Además, tiene que ser cuidadoso con los demás, lo que descarta a los de másters y universidades.

Y por último, tiene que tener la extraña habilidad de ver el potencial de otras personas.

Sus talentos, sus dones.

pd: mañana vengo con una novedad pasada de moda.

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