Esta historia la veo más de lo que me gustaría.
Le ha ocurrido a Vanesa, amiga y ex-directora de operaciones.
Ella se dejó cuerpo y alma trabajando para una empresa, que llamaba como «su empresa», pero que solo la estaba contratando por cuenta ajena.
Cuando la despidieron, se quedó sin nada.
Todo ese esfuerzo, perdido como gritos en el estadio.
Las formaciones, acreditaciones y certificados para mejorar en la empresa, ya no valen en ningún otro lugar.
Los marrones resueltos con su buen hacer, olvidados como lágrimas en la lluvia.
Tanta implicación, esfuerzo y sudor, construyendo para otro, para encontrarte sin nada tuyo cuando prescinden de ti.
Claro que le pagaron un sueldo, ahora la esclavitud tiene otra cara.
Lo importante es que todo lo que creó en la empresa, todos los sistemas, procesos, manuales, dinámicas de equipo e ideas para mejorar el negocio, se quedaron en la empresa.
Y la empresa sigue obteniendo beneficios de todo ese trabajo.
Vanesa no. Ella solo recibió un finiquito y las gracias por participar.
Que injusticia. A ella le pagaron por crear, y el beneficio se lo llevan otros.
Solo espero que esta historia no te ocurra a ti.
Por eso un pequeño consejo no solicitado.
La forma rápida de saber si estás en el mismo caso que Vanesa, es pararte a mirar cómo es tu trabajo.
Si cada día haces lo mismo, no estás como Vanesa.
Si cada día creas cosas para no repetir el trabajo, estás a un paso de sufrir la injusticia de Vanesa.
Es tu responsabilidad tomar acción o dejarte zarandear por el destino como si fueras una ameba en mitad del océano.
Para decidir tu destino, crea activos digitales.
Yo empecé hace 20 años, y fue de las mejores decisiones que he tomado nunca.
Así he viajado por el mundo, escapado del postureo corporativo y hecho lo que me apetece.
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