A todos nos han martilleado de pequeños con la misma frase, sobre todo nuestros padres.
«No te creas mejor que nadie».
Un mantra muy poderoso.
Espectacular para hundir al que piensa diferente, al que experimenta, al que prueba otros caminos.
Y un atentado para gestionar negocios que den dinero.
Porque si te minan la autoestima de esa manera, si te cortan las alas cada vez que quieres ir más allá, ¿dónde vas a llegar?
No muy lejos, porque no eres mejor que nadie.
Eres igual de mediocre que los demás.
El planazo de la semana es terracita con cerveza fría y hablar de la serie de moda.
O peor aún, comer de tupper en el trabajo para ahorrar 30 minutos a la hora de comer.
Cuando te han inculcado que no eres mejor que nadie, te cuesta mucho ver tus talentos.
Quizás eres muy bueno combinando colores, o resolviendo ecuaciones diferenciales, o escribiendo poesía, o estructurando procesos, o respondiendo de forma ingeniosa.
Pero si te han hundido la autoestima con la dichosa frase, lo vas a considerar un pequeño talento sin importancia.
Algo que cualquiera puede conseguir con algo de esfuerzo.
Y tú, que eres tan humilde, tan igual que los demás, ni siquiera vas a mejorar para no dejar mal a nadie.
¿O para seguir teniendo excusas de por qué no lo consigues?
Menos mal que somos todos diferentes, cada uno con sus talentos y carencias.
Así nos complementamos en sociedad.
Así podemos abusar de los talentos de otros.
Así surgen creaciones que alegran la vida de otros, porque ellos no son capaces de crearlo.
¿O acaso tu puedes crear la pantalla desde la que lees este email?
Viva la diversidad.
Viva los talentos desmesurados.
Viva las personas que los venden al mundo, para que todos nos aprovechemos.
Viva los que crean activos digitales.
Son espabilados, y nos espabilan a los demás.
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pd: con amor.