Soy un inútil social en los grupos.
Me es imposible seguir las apariencias.
Soy el que siempre señala el elefante en la habitación, cuando tan solo es un ratoncito.
Así que durante muchos años he optado por una técnica magistral, avalada por el mismo Harvard.
Observar, escuchar, y apenas hablar.
Ser el chico tímido que dice cosas raras.
Así he aprendido algunas cosas sobre las interacciones sociales en los grupos.
Es como ver un documental de la 2, aunque con animales con ropa de colores.
Te recomiendo probar la experiencia e ir identificando qué quiere decir, de verdad, cada persona.
Qué quiere aparentar.
Qué quiere conseguir.
La gran mayoría de personas, sobre todo hombres, cometen un gran error.
Hablan demasiado.
Sueltan bromas sin gracia.
Se quejan de cosas tan obvias como los impuestos.
Buscan más su auto reconocimiento que hacer del encuentro un gran momento.
Lo que cualquiera metido en desarrollo personal llamaría ego.
Egocéntricos.
Ególatras.
Egóicos.
Legos.
Están tan preocupados por su propia apariencia, que se olvidan del bien del grupo.
Esto, además de muy aburrido por sus chistes tan malos, hace que cada uno solo mire por su propios intereses.
No confía en el grupo.
No cree que pueda apoyarse en los demás.
Y cuando elevas eso a nivel social, te encuentras con tanta individualidad, tanto malestar y tantas tensiones.
Eso es mortal para el negocio.
A ver, la tensión de compra es muy divertida.
Pero la tensión social es fatal, nadie compra cosas que le supongan esfuerzo si está acojonado.
Por eso el ego está matando la educación, el arte, la belleza, y los buenos chistes.
Por culpa de creer que estamos en una selva donde sobrevive el más fuerte.
El más bocazas.
El primer punto del curso para crear tus activos digitales ataca a tu ego.
Porque tiene que estar bien calibrado.
Mi ego es inmenso.
Tengo una taza con mi cara.
Una medalla de number one.
Incluso un premio del toro de Osborne.
Y soy un inútil social.
Aún así, ahora, logro que en los grupos se hable y se haga lo que yo quiero.
En silencio.
Con pocas palabras.
Donde cada uno actúa desde su alegría.
Qué maravilla es el ego bien entendido.
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