Nunca me gustó hablar por teléfono.
Ni con mis novias.
Con los novios, no lo he probado.
Lo encontraba frío.
Distante.
Muy inferior a hablar cara a cara con cualquiera de ellas.
Solo escucharlas por uno de mis oídos, con tan baja calidad, me parecía un atentado hacia la atención que se merecían.
Hasta que he empezado en la danza de las videoconferencias.
Videoconferencia para conocer a alguien.
Videoconferencia para escuchar una nueva oportunidad.
Videoconferencia para hacer consultorías.
Videoconferencia para videoconferenciar con videoconferenciantes.
Hubo una semana que hice por lo menos 20 horas de videoconferencias.
Acabé odiando mi ordenador.
La herramienta más maravillosa creada para la libertad, la diversión y la conexión entre humanos.
La máquina que tanto me aportaba, la odiaba.
Y me dolía aún más después de haber probado a dar formaciones de 30 horas a la semana y estar todos los días encantado con la experiencia.
En persona, donde las cosas huelen y se saborean.
En persona sí toleraba 30 horas.
Online no aguantaba ni 10 horas.
¿Qué estaba mal en mi cabeza para odiar las videoconferencias?
Soy un friki de los ordenadores, me he pegado viciadas de muchas más horas.
Estaba mal algo que pasamos por alto.
El contexto.
En persona puedo prestar atención.
En videoconferencia me saturo.
Hasta que un día me llamaron por teléfono.
Y me encantó.
En 5 minutos resolví lo mismo que en una videoconferencia de 60 minutos.
12 veces mayor rendimiento.
Si eso fuera un resultado empresarial, hubiera pasado de chiringuito a unicornio en un día.
De mendigar clientes a llenar estadios de fútbol.
Y sin tener que prestar mucha atención a la otra persona. Ni ella a mi.
Directos y al grano.
Un objetivo, dos personas, un resultado.
Una maravilla.
Lo peor fue que, en una cena repleta de soldados corporativos, uno dijo, muy agitado y confundido:
«Los que llaman por teléfono son unos pillos, tienen ventaja sobre los que respetamos a los demás enviándoles emails educados»
Esa frase, de ese tipo de persona, hizo que me enamorara del teléfono.
Hay una vía para los pillos.
Otro carril rápido en la vida.
Uno mucho más directo, eficaz y sin postureos.
Ahora, adoro hablar por teléfono.
Las cosas son fáciles cuando tienes los fundamentos bien claros.
Estos son los fundamentos de los activos digitales.
No hay otros mejores.
pd: y si los hay, no son tan directos.
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