Así estuve 10 años de mi vida.
Viajando por el mundo como un auténtico yonki.
Me invitaban a Polonia, yo iba.
Me invitaban a República Dominicana, me faltaba tiempo para ir.
Me invitaban a Marina D´Or, allí me tenían bien temprano.
Viajar era mi forma de vida.
Fotografiar lugares asombrosos, comer en los mejores restaurantes, conocer gente en todos los sitios.
Una vida de aventura, de diversión.
Solo me preocupaba por escribir algunos artículos, tener la batería de la cámara cargada y no olvidarme el bañador.
Importante este último punto, no veas que mal te miran en los spas si no lo tienes.
Hasta que un día me di cuenta.
Estaba muy bien viajar por el mundo, vivir aventuras y dar envidia a la gente.
Pero me faltaba algo.
No era la buena vida, porque la tenía.
No era la diversión, porque la tenía.
Era algo más profundo.
Que solo sientes cuando tienes un gran cambio en tu vida.
Los que marcan las muertes o las enfermedades graves.
Me faltaba un propósito.
Sentir que estaba aportando al mundo.
Que estaba creando un legado.
Hace unos pocos años me di cuenta.
Desde entonces no he parado de formarme, aprender, y crear sistemas de negocio.
Trabajo mucho más, viajo menos, y me siento mucho más realizado.
Algunos lo llamarán masoquismo.
Otros lo llaman estar enfocado.
Lo que más foco me ha dado, es rodearme de las personas correctas.
En persona, o en un grupo online.
Yo estoy en la no comunidad.
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