Todo en la vida se puede dividir en dos.
Incluso puedes decidir cómo partirlo.
Lo curioso es que, partas como lo partas, un grupo va a ser mucho más grande que el otro.
Es ley de vida.
Tu divides con justicia divina, y un grupo es mayor que otro.
Hoy te voy a proponer un juego. Dividir a las personas en cómo llegan a ser ordenadas.
Nada sesudo ni cuántico.
Están los que son ordenados porque tienen mucho tiempo libre para ordenar los lios que arman.
Y los que son ordenados y efectivos porque tienen un sistema que potencia ese orden y les acerca más al camino que quieren seguir.
Los primeros pueden tener resultados, pero no por lo que ellos creen que es la clave.
Son los Marie Kondo de la vida.
Tiran todo cuanto ven, y así creen que son ordenados.
No eres ordenada querida Marie, lo que pasa es que tienes una casa vacía, sin vida, sin alma. Ahora con tres hijos dice que le es imposible tener la casa ordenada.
Obvio.
Lo chulo es vivir en una casa con todo lo que quieres tener dentro de ella, y que esté todo en el sitio que tiene que estar, limpia y ordenada, sin que te consuma la vida mantenerla.
La moraleja es esta:
Que el mantenimiento no supere al esfuerzo que le puedes dedicar.
Estar todo musculado gusta, siempre que puedas entrenar lo suficiente.
Es algo obvio que enseñan en las mejores familias.
En el colegio, no. Ahí solo enseñan a mover papeles de un lado a otro.
Este mantra del mantenimiento lo enseñan en las buenas familias, las que quieren que sus descendientes sigan gestionando el patrimonio, lo aumenten, y lo mantengan.
O tras varios ataques de ansiedad. Así es como aprenden los que no quieren aprender.
La conclusión, que me estoy enrollando:
Crea un sistema que te permita mantener el orden.
Ese es el secreto.
Cómo hacer rentable este sistema es lo que muestro en este producto.
Idea, creación, mentalidad, sistema, mantenimiento.
Todo incluido a un precio cerrado.
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