Esta semana hablé con personas ambiciosas.
A muchos les molesta esa actitud de superación, de querer hacerlo mejor, de llegar donde pocos están.
Lo curioso es que varias me confesaron un problema.
Tenían un miedo, que para muchos es un deseo.
Resulta que, cuando tienes cierto nivel de ingresos, te vuelves un vago.
Dejas de innovar, de crear, de ambicionar.
Estás bien como estás, y así hasta la jubilación y la muerte.
Los que quieren que les toque la lotería para jubilarse ya, o los que si fueran millonarios no harían nada.
Ese tipo de personas.
Pues los que ambicionan, tienen miedo a quedarse donde están.
Si sienten que están una semana, un mes, sin mejorar, les entra la ansiedad y mueven el culo.
Creo que es un buen indicador de cómo enfocar la vida.
O mejoras, o empeoras, pero nada queda en el mismo sitio.
Como siempre, tú decides dónde quieres estar.
Y, por favor, que sea desde tu libertad, no influido por tu entorno, tu familia, la sociedad o los habitantes de Marte.
Tu vida, tus reglas.
Afina estas reglas, y no pierdas la ambición, rodeado de un buen entorno.
La no comunidad.
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