Algunas personas adoran el café, y otros raritos, como yo, no nos gusta.
Otros alucinan con el chocolate.
Incluso con la papaya.
El marisco tiene un sabor muy polarizador. Están los que aman el centollo, y los que no pueden ni con los mejillones.
Es un mundo esto de los sabores.
Incluso un sabor universal, que está en todo tipo de postres, dulces y helados, como es la fresa, tampoco es del gusto de todos.
Si somos tan diversos con los sabores, como para intentar explicar a qué sabe la libertad.
Es como los vinos, cada uno le encuentra un matiz diferente.
En el caso de la libertad, cada uno tiene su matiz preferido.
Están los que dicen que la libertad es no tener que madrugar un lunes.
O no tener que preocuparte por la vida material como es hogar, comida, transporte.
Otros son más espirituales, y dicen que es seguir su propio corazón.
No tener que acatar órdenes de un jefe.
Incluso están los turboliberales, que ni quieren oír hablar de impuestos ni estados.
Cada uno tiene su filia.
Lo único común a todos ellos, es que han creado un negocio que les ha dado muchos beneficios.
A mi me encantan los negocios digitales porque cumplen 6 de las 7 reglas que tiene que cumplir cualquier buen negocio.
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