Vengo reflexivo.
A mi me toca trabajar, por elección propia.
Los menos entendidos dicen que porque sarna con gusto no pica, los que saben siempre exclaman, ¡qué estarás tramando!
Varias cosas, ninguna que te vaya a revelar aún.
A lo que vamos, cómo saber si eres niño o adulto.
No es por el pelo en pecho,
ni por las cicatrices,
ni por los manchurrones de caramelos en la ropa.
Tampoco la estatura, los besos dados ni los versos compuestos.
Qué va.
Es algo mucho más mundano y más terrenal.
Tan evidente, tan sencillo, que ofende no haberlo visto antes.
Lo que diferencia a los adultos de los niños es que los adultos tienen excusas, y los niños, sueños.
Si en tu vida te pones excusas, eres un aburrido adulto con poco más por delante que comer y dormir.
Si te siguen brillando los ojos ante una nueva aventura, si te excitas construyendo tu propio futuro, sigues siendo un niño.
Un soñador.
Un visionario.
Una persona que apetece conocer.
A mi me encanta construir sistemas digitales.
Sobre todo para hacer tu vida más sencilla y que tu negocio crezca.
Aquí te enseño cómo crearlos con lo esencial para que funcione.
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