Curioso cuando esta tierra es más pacífica que una congregación de budistas.
Puedes ir por casi todos los lugares sin preocuparte por tu cartera ni por tu vida.
Apenas hay incidentes violentos.
Y los que hay son noticia justo por lo extraordinarios que son.
De la corrupción no digo nada, que esa rampa a sus anchas, pero de la violencia física, hay muy poca.
Aún así, la mayoría de los ciudadanos viven acongojados de miedo.
De miedo a lo que no se puede hacer.
Miedo a una inspección de la agencia tributaria.
Miedo a lo que dirán.
A lo que no dirán.
Miedo a que te despidan.
Miedo a que te contraten en un mal sitio.
Miedo a no tener clientes.
Miedo a la jubilación.
Incluso hay miedo a hablar a las mujeres.
Increíble.
Y pensar que solo hace unos pocos siglos iba un tío tuerto, cojo y manco a conquistar una ciudad a ultramar, y acuñaban las monedas anunciando su victoria antes de que siquiera saliera hacia el lugar.
Eso es vivir con plenitud.
Aunque te falte un ojo, una pierna y un brazo.
No sé qué ha pasado por el camino.
Ahora veo la época más segura de la historia para crear un negocio, con las mayores oportunidades, y hay miedo hasta por tener una falta ortográfica en la postdata de un email.
Todo es más sencillo.
Mucho más secillo y fácil.
Cuando sabes en qué centrarte.
Solo tres cosas:
Entorno, sistemas, y confianza.
La primera, aquí mismo.
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pd: el miedo a la hortogafia lo toi superando