Hay dos tipos de personas.
Los que se llenan de trucos, atajos, hacks, formaciones, para intentar acallar la voz de su cabeza que les dice: «ahora sí, esto es lo que te falta, lo aprendes y llegarás».
Y están los que hacen cosas, miran para atrás, y buscan cómo hacerlo otra vez en mucho menos tiempo.
Productividad lo llaman los pijos de MBA.
Velocidad lo llaman los humanos normales.
En mis 33 años con ordenadores, desde los tiempos del MS-Dos y de los formateos periódicos, he aprendido alguna cosa.
La más útil, que llevo usando desde hace años, es la que te quiero compartir en este correo.
Es muy sencilla de concepto, y bestial en resultados.
La aprendí tras leerme varios libros de productividad, aprender sobre cerebros digitales, y de ver cómo trabajan muchas personas con el ordenador.
Vamos, que no es una idea divina que me ha llegado de la nada.
La he visto, la he copiado, y he comprobado como funciona.
Igual que ir al gimnasio a levantar hierros.
La idea es esta.
Atención no se te escape nada:
Crea una carpeta llamada tmp, y ahí vas a poner todos los archivos que descargues, recibas, y con los que trabajes durante el día.
Al final del día, esa carpeta tiene que estar lo más vacía posible.
Así, al día siguiente, te encuentras la carpeta limpia y reluciente para un nuevo uso.
Como un cocinero, que quiere llegar a su cocina y ver su cara reflejada en el mobiliario de acero.
La velocidad solo llega con la organización.
Y la organización con limpieza.
Esto es todo por hoy.
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