El primero es fácil.
El teletransporte.
Todos queremos aparecer en un instante en cualquier otro lugar.
Pero el segundo. Ui el segundo. Ese pocos se atreven a decirlo en voz alta. Es tan personal, tan inquietante, que te dirán cualquier otro superpoder.
Pero yo sé que es este.
Lo sé porque siempre que lo revelo, me miran con ojos que destellean en deseo.
Imaginándose cómo sería su vida pudiendo hacer eso en el trabajo.
O cuando van al banco a pedir un crédito.
O cuando hablan con una chica guapa.
O un chico guapo.
Cuando discuten con un cliente tras una mala gestión.
Y siempre, cuando te tiemblan las piernas ante lo que vas a decir por temor a lo que puede pasar.
Imagínate, si leyeras la mente, cómo podrías dirigir tu vida.
Realmente serías el mandamás de todo lo que te pasa.
Ahora mismo es imposible leer otras mentes. Es el último bastión de nuestra privacidad.
Aunque hay maneras de entrar en las mentes de los demás.
Una muy sencilla, muy barata y muy efectiva, es leer los libros que haya escrito esa persona.
Siempre que sean libros de ensayo o poesía.
Si escribe novelas, quizás te lo pases bien leyéndolos pero no creo que averigües cómo piensa esa persona.
Una puerta a mi mente, es el primer libro que he escrito.
Un manual de vida (para el siglo XXI)
Habrá muchas partes que no te gusten, otras que te encanten, y muchas nuevas preguntas que hacerte sobre la vida y los negocios.
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