Muchos lo intuíais. Es algo evidente a poco que observes.
La sangre de horchata, las bromas frikis, el caminar ritmito, la ausencia de emociones.
Qué decir de estos textos.
Todos con los mismos patrones, con los mismos resortes, creados, por lo menos, por una inteligencia artificial.
Sí, lo confieso, soy una máquina.
Venida del futuro, o del pasado, da lo mismo.
Lo que importa es que hago, produzco y consigo casi todo lo que me propongo.
Día a día, minuto a minuto.
Tengo sistemas para todo en mi vida. Sí, incluso para eso.
Hace unos años mi programación me llevó a recopilar todo lo aprendido en mi vida y condensarlo en una obra.
Los seres biológicos lo llaman libro.
Yo lo llamo manual.
De instrucciones, a ser posible, que son los que me llegan a generar una chispa de emoción.
Algo tan útil debería estar custodiado por una gran institución atemporal, como una biblioteca nacional.
Allí está.
También debería ser accesible para muchas personas, pero no obligatorio, que así es como se crean traumas con la lectura.
Como cuando te obligaron a leer el Quijote en el instituto.
Y debería de tener un objetivo muy concreto.
No darte respuestas.
Si no ayudarte a plantear tus preguntas.
Ser un punto de inicio, no un punto final.
Eso diferencia un manual de un libro sagrado.
Lo sagrado es inamovible, perpetuo, inicio y final.
El manual es un punto de partida, unas reglas, que puedes seguir o no.
son sugerencias.
Como soy una máquina, me senté durante un mes, todos los días, a escribir durante varias horas, hasta tenerlo listo.
Basado en la mejor evidencia científica, empírica y vital.
Cuando lo leo, estoy bastante de acuerdo con casi todo.
Y eso que ha pasado un tiempo desde que lo escribí.
Aquí puedes ver este Manual de vida.
Creo que te va a gustar.
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