Esto es acojonante.
Cuando hablo de tener una vida en paz, de disfrutar de los placeres terrenales, de tener tiempo para lo que quieres, muchos me escuchan.
Cuando hablo de responsabilidad, hacer lo que otros consideran sufrimiento, pensar como un empresario, muchos más giran la cabeza para otro lado y huyen.
Es curioso lo equivocada que está la mayoría de las personas.
Quieren la recompensa, pero no el trabajo que implica llegar a merecerla.
Quieren libertad, pero no están dispuestos a contrariar a nadie.
Muchos menos al que le corta la libertad.
Quieren paz, pero cualquier minucia, incluso una mala maniobra al volante, la convierten en una tormenta.
Quieren gustar, ser exitosos, y todas esas cosas bonitas que dicen por ahí, y lo hacen de la peor manera que hay.
Siendo complacientes.
Siguiendo órdenes.
Cumpliendo como un esclavo.
Eso es lo peor para tu libertad, tu vida, tu éxito, tu negocio y tus activos digitales.
Nadie le compra a un esclavo.
Lo que hay que hacer, y muy pocos espabilados hacen, es guiar a los demás.
Ponerse delante.
Parar la tormenta con su cuerpo para que los demás estén más calentitos.
Afrontar los peligros y llevarse las cicatrices.
Dejar de caer bien, y atraer por la actitud, el comportamiento.
Siempre por el bien de los demás.
Siempre buscando elevar a los otros.
Siempre resolviendo sus propios problemas.
Siempre en libertad.
Estas personas no le temen ni al tigre ni a hacienda.
Porque poseen sus propios activos digitales.
Y lideran.
No buscan caer bien.
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