Este año me he prometido abandonar las redes sociales.
No quiero ser un esclavo del negocio de otras personas, tener que estar pendiente de si ahora no se puede decir pedo, culo, o sionista.
De cuál es la moda del discurso para que no te cancelen.
O peor aún, tener que responder a todos los comentarios. Muchos de ellos escritos con inteligencia artificial.
No estoy para perder el tiempo escribiendo palabras sin fundamento, en las que no creo.
Por eso abandonaré las redes sociales.
Ya empecé con Facebook. Durante todo el año pasado entraba cada día para apuntar los cumpleaños de la gente con la que mantenía más contacto.
Así de vago era. Delegaba en la empresa de alguien que no conozco el acordarme de los cumpleaños de las personas que me importan.
Eso ya no me pasa.
Ahora lo tengo bien apuntado en mi agenda digital.
La siguiente será Linkedin.
La red del postureo empresarial, donde todos son tan maravillosas personas, que no sé por qué la productividad española está por los suelos y el estrés está disparado.
Quizás los estresados no entran ahí.
Yo estoy muy relajado, pero odio perder el tiempo contestando mensajes automáticos.
Y la última será Instagram.
En esta todavía no sé como me saldré, porque me gusta compartir algunas fotografías y ver por dónde viajan los amigos.
Me encanta viajar.
Es lo más fascinante que puedes hacer en esta vida.
Ir a sitios extraños, mezclarte con gente que no conoces, comer con desconocidos.
Maravilloso.
Supongo que limitaré su uso a algo sano. Unos 10 minutos al día creo que es suficiente, poco más necesito de exposición a vidas irreales.
Con lo que sí me quedaré es con este newsletter.
Enviando email día sí y día también.
EL mejor sitio en el que puedes estar para situarte en el 1% de personas que mejor viven a nivel mundial.
El otro mejor sitio es aprendiendo.
En este curso.
Grabado con lo que a mi me hubiera gustado saber hace 10 años y así ahorrarme mucho tiempo.
Además de sufrimiento.
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