En nuestra vida conocemos muchos tipos de libertades.
Empezamos con las sencillas. Libertad para decidir cuándo irnos a dormir, qué comer, con qué amigos salir.
Continuamos con otras habituales, como la libertad de escoger qué estudiar, a qué dedicarte, cuándo ver a tus padres.
Algunos juguetean con que vicios quieren adquirir, cómo quieren decorar su cuerpo, qué tipo de vestimenta llevan.
Todas estas libertades nos parecen lo más normal, decisiones de vida lógicas.
Hasta que llegamos a las libertades que implican renegar de otras opciones.
Por ejemplo escoger en qué país vivir. No todos tienen jamón ibérico ni bares en cada esquina. O una seguridad extrema. Tu libertad es escoger en cuál vivir, si puedes.
Otra libertad que muy pocos deciden tomar es la de escoger cómo trabajar. Por cuenta ajena, y que otro decida qué tienes que hacer, o por cuenta propia, y adquirir la responsabilidad de decidir tú.
Una gran decisión.
Solo al alcance de unos pocos.
Y aquí empieza un nuevo juego.
Con la posibilidad de de aspirar a la libertad financiera, a la libertad de movilidad total, y a la libertad de estilo de vida.
Grandes decisiones, solo al alcance de unos pocos.
Es tu decisión trabajar por llegar a algunas de ellas, o dejarte llevar.
Solo es cuestión de responsabilidad.
Los activos digitales son una manera de poseer parte de tu libertad.
Sin jefes, ni estados, ni bancos centrales ni clientes que te digan qué tienes que hacer.
Escuchas, creas, y facturas.
Con activos digitales para espabilados.
Algunos dicen que es el mejor negocio del mundo.
Yo también lo creo.
Apúntate en el newsletter justo debajo