Ser emprendedor es sexy.
Crear negocios, captar clientes, cerrar tratos en el último minuto.
Es tan sexy, que hasta en Hollywood han visto un filón para un nuevo tipo de películas.
El viaje del emprendedor.
O mejor dicho, el viaje del héroe que ha creado una multinacional.
Porque claro, todo lo que viene de Estados Unidos tiene que ser grande.
Las películas, los coches, las idioteces.
Cuanto más grande, más yankie.
Lo curioso de todas estas películas es que nunca muestran negocios aburridos.
Y mucho menos los que han conseguido la estabilidad financiera, incluso la libertad, con pequeños pasitos día a día.
Todos los protagonistas de estas películas viven con una tensión digna de James Bond.
Cuando solo están creando una empresa.
Como historia es fantástico.
Te emocionas, ríes, lloras, pasas un buen par de horas.
Pero como idea de vida, es horrible.
Sufrir baibenes emocionales a diario, no saber si el mes que viene seguirá vivo todo lo que has construido, quizás tener que despedir a todo el personal.
No se lo recomiendo ni al mayor ultraliberal.
Lo que sí recomiendo es encontrar el aburrimiento.
En cómo generas dinero.
En cómo construyes fuentes de ingresos.
En cómo tienes estabilidad de vida para disfrutar con tus locuras.
Vamos, al más puro estilo Enrique Meneses, el periodista más grande de España, y del que no se ha hecho ni una mísera película.
La narrativa es fantástica, pero déjalo para las películas y el marketing.
Para tus fuentes de ingresos, lo que siempre funciona es algo aburrido, predecible y muy lucrativo.
Todo lo demás es postureo, que es muy divertido, pero poco rentable.
No me seas como esos influencers que no llegan a final de mes, y empieza por aquí.
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